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12 Mar

Levando anclas.


Aponiente es un curioso restaurante ubicado en un antiguo molino de mareas del siglo XIX, dentro del Parque Natural Bahía de Cádiz, habitado por especies sujetas a cambios constantes debido a las condiciones climáticas y a los ciclos mareales. Ángel León, mundialmente conocido como “el chef del mar”, decidió hacer realidad su sueño de cocinar la mar en una pequeña calle del Puerto de Santa María y, once años más tarde, ese pequeño proyecto se ha convertido en un equipo de más de sesenta profesionales intentando descubrir ese gigante azul del que aún solo se consume el 20% de su despensa.

Javier Ayarza y Basilio Iglesias fueron los encargados de transformar el molino de mareas en un espacio diferente y espléndido, fiel a la filosofía marina del enclave donde el mayor lujo es siempre la simplicidad. Unos espacios acristalados y luminosos dan la bienvenida en Aponiente, un lugar  ideal para un cóctel en un ambiente distendido. Una vez dentro del molino, una amplia sala con cocina la que permite que los comensales reciban un servicio extraordinario, discreto y próximo. Los 2.000 m2 del restaurante culminan con una extensa terraza con vistas abiertas a la naturaleza; un espacio perfecto para aperitivos, presentaciones y eventos.

Un lenguaje único es el que se crea entre las paredes de Aponiente, concedido por la simbiosis entre el vino, la gastronomía y la gracia local que caracteriza la esencia ya presente en el primer restaurante.  El chef del mar —galardonado con tres estrellas Michelin— apuesta por un tipo de gastronomía cuya base es la reinterpretación de la cocina marinera del siglo XXI. Su compromiso con el mar y sus conocimientos marinos han sido aplicados al mundo de la alta cocina desde un enfoque saludable y sostenible.

La cocina de Ángel León estaría incompleta sin la maestría del cabeza del equipo de sumillería, Juan Ruiz-Henestrosa. En este ambiente los vinos de Jerez son los grandes protagonistas, además de vinos naturales obtenidos a partir de colaboraciones exclusivas con bodegas.

Cada año Aponiente cierra 3 meses para trabajar en la creación de la nueva propuesta gastronómica para el año venidero. Durante este periodo Ángel y su equipo viven en un continuo desarrollo donde surgen nuevas ideas, conceptos, renacimiento de tradiciones para convertirlas en platos. De este modo, el menú se modifica dos veces desde la apertura de la temporada.  El resultado son dos menús degustación donde la secuencia de platos hace que la inmersión marina se perciba desde el primer bocado, llegando a veces a evocar recuerdos del mar y memorias de nuestra infancia.

A nivel conceptual, Aponiente busca siempre seguir aportando en la creación de un nuevo lenguaje gastronómico con guiños a la fantasía, donde el riesgo también tiene cabida.